«¡No toques ese piano, no es para gente como tú!» gritó el guardia, sin imaginar quién era realmente el joven de ropa gastada frente al teatro.
Mateo salió del vestíbulo con la carta de beca doblada en el bolsillo y el eco de los aplausos pegado […]
Mateo salió del vestíbulo con la carta de beca doblada en el bolsillo y el eco de los aplausos pegado […]
Elena llegó a casa y el triunfo se le volvió temblor. Había ganado frente a todos, pero el apartamento seguía
Sofía no recordaba haber caminado tan rápido en su vida, pero el pasillo del hospital parecía estirarse como una burla.
La mañana siguiente olía a desinfectante y a café recalentado. La cama de Manuel estaba hecha con una pulcritud extraña,
La vecina no pudo dormir. La carta seguía sobre la mesa, como si respirara. En el edificio, los ruidos nocturnos
Mariela no durmió. La frase del sobre le golpeaba por dentro como un reloj sin manecillas: perdón sin oído, palabra
Del otro lado no hubo dramatismo, solo una voz cansada que dijo su nombre completo y el del hospital. Laura
Mateo metió la mano en el bolsillo interior de la mochila, como si buscara un secreto. Sacó una hoja doblada
La puerta automática se abrió y el aire helado le mordió la cara a Julián, pero el golpe verdadero venía
La última silla estaba junto a la pared, casi escondida. Allí se sentaba él, con las manos entrelazadas y la